v

viernes, 7 de agosto de 2015

Cuchumatanes, Huehuetenango

Mi primer viaje de montañismo fue cuando tenía 14 años y la actividad se dio en Los Cuchumatanes, Huehuetenango. Un viaje para no olvidar, la experiencia que me llevó a convertirme en un montañista.

Nos reunimos con el grupo K’ashem en el punto de encuentro, viernes en la noche. El bus salió y todos dormimos durante casi todo el camino. Llegamos a un parqueo ya en Huehuetenango y salimos a estirar las piernas después del largo viaje en bus y de repente una sensación de frío me abrazó para devolverme las ganas de regresar a dormir al bus. Era un frío que nunca en mi vida había sentido, me envolví en mis sábanas y dormimos hasta el amanecer.
Cuando despertamos estábamos frente a un comedor y como los montañistas somos de buen diente, no dudamos de darnos una buena comida antes de empezar el reto. Los clásicos pero siempre deliciosos huevitos y frijolitos acompañados de queso y tortillas, para comer con un café o chocolate caliente, una comida que nos dio la energía para emprender esta aventura.

Regresamos al bus después del desayuno para llegar al lugar de inicio para la caminata. El bus nos dejó al inicio de una calle que se desvía de la carretera. Alistamos las chivas y comenzamos a caminar.

Yo en mi poca experiencia miraba como el grupo se iba hasta adelante y pocos quedamos atrás. El clima, la altura, la vista, todo era tan nuevo para mí. El hecho de tener calor y sentarme en la sombra para que me diera frío me confundía. Las piedras y los árboles tenían formas tan extrañas e interesantes.

El cansancio y la actitud negativa me lograron dominar por un momento y quise tirar la toalla. El guía que cerraba el grupo nunca dejó de animarme y ayudarme a seguir avanzando. De pronto ya estaba la cumbre a la vista, pero el precio era una subida retadora.  A media subida hay una pequeña mina de cuarzo, una piedra preciosa.

Llegando a la cumbre estaba la vista más espectacular que había visto en toda mi vida, era algo impresionante. Una buena recompensa que hacía valer la pena todo el esfuerzo que había hecho. Almorzamos, descansamos un momento y comenzamos a caminar hacia el campamento.

Después de cruzar un valle llegamos al campamento al lado de la Laguna de Ordoñez, bastante cómodo. Armamos las carpas y preparamos la cena para darnos después las merecidas horas de sueño.

En la madrugada al abrir las carpas vimos que una pequeña capa blanca había cubierto todo a nuestro alrededor. La escarcha había cubierto el suelo y las carpas, la laguna tenía trozos de hielo grandes en su orilla.

Don Jerónimo, un guía local de La Ventosa, nos acompañó hasta que llegamos al campamento. Ya al amanecer, Don Jerónimo ya había regresado con nosotros, cosa que nos impresionó porque vino caminando desde su casa.


Comenzamos a desayunar y a desmontar el campamento para estar preparados. Luego que el sol ya apareció en el pequeño valle, la escarcha desapareció. Era nuestra señal para comenzar a avanzar.

El camino de regreso era otro, un camino completamente plano en una gran parte que luego se conecta con el sendero para regresar al bus.

Ya la parte difícil había terminado y estaba satisfecho de mi primer logro como montañista, ansiando la llegada al bus para un merecido descanso.

Esta es una experiencia que personalmente siempre llevo en el corazón y que me ha enseñado que a veces la situación puede ser difícil pero si se puede llegar a la cumbre.

-          Yayo

Para más información sobre K’ashem puedes encontrarlos en:




















My first trip as a mountaineer was when I was 14 and the activity was in Los Cuchumatanes, Huehuetenango. A trip to remember, the experience that led me to become a mountaineer.

We met with the group K'ashem at the meeting point, Friday night. The bus came to pick us and we all slept for most of the way. We arrived at a parking lot in Huehuetenango and went out to stretch our legs after the long bus ride and suddenly a cold feeling embraced me and made me want to return to sleep in the bus. It was a cold that never in my life, I wrapped myself in my sheets and slept until dawn.

When we woke up we were next to a restaurant and as mountaineers we like to eat, we didn’t think twice in having a good meal before starting the challenge. The classic but always delicious eggs and beans accompanied by cheese and tortillas, with coffee or hot chocolate, a meal that gave us the energy to jump to this adventure.

We returned to the bus after breakfast to get to the starting point for the hike. The bus dropped us off at the beginning of a road. We prepared our equipment and started walking.


With no experience I walked as the group went faster and few stayed behind like me. The climate, the height, the view, everything was so new to me. A strong heat over myself and sitting in the shade just to feel a lot of cold, I was confused. The stones and trees were so strange and in interesting ways forms.


Tiredness and negative attitude managed to dominate my mind, for a while and wanted to give up. The guide who closed the group never stopped encouraging me and helping me to move forward. Suddenly the peak was already in sight, but the price was a challenging hike. Half of the way up is a small quartz mine, a gemstone.

Arriving at the peak, there was the most spectacular view I had ever seen in my life, it was really impressive. A perfect reward given for all my effort. We had lunch; we rested a moment and started walking toward the camp.

After crossing a valley we arrived at the camp near the Laguna de Ordoñez, quite comfortable. We set up the tents and prepare dinner before the deserved hours of sleep.





In the morning when we opened the tents we saw a thin white layer that covered everything around us. The frost had covered the ground and the tents, the lagoon had large pieces of ice on the shore.



Don Jeronimo, a local guide from La Ventosa, accompanied us until we reached the camp. And at dawn, Don Jeronimo was back with us, which impressed us because he came walking from home.

We started to prepare breakfast and decamp to be prepared. And when the sun appeared in the little valley, frost disappeared. It was our signal to start moving.
The way back was another path, a completely flat road in a large part which then connects with the trail to return to the bus.

Now the hard part was over and I was happy with my first achievement as a mountaineer, wanting to arrive at the bus for a break.

This is an experience I always carry in my heart and that has taught me that sometimes the situation may be difficult but you can always reach the peak.

- Yayo

For more information about K'ashem you can find them in:

www.hastalacumbre.com

No hay comentarios.:

Publicar un comentario